1. Origen


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La Virgen de la Macarena llegó de "rebote" a Sevilla, ya que una leyenda cuenta que...

"Un mercader llegado desde Italia y con destino al Nuevo Mundo se disponía a embarcar en un barco arriado en nuestro Puerto de Sevilla, cuando de pronto se sintió indispuesto y fue trasladado al Hospital de las Cinco Llagas. Allí, el mercader, que padecia una grave enfermedad de la epoca, fue cuidado por las monjitas de dicho hospital hasta que falleció.
Al no encontrar a la familia del muerto y sobre que provenía de Italia, sus pertenencias pasaron a manos de las monjitas. Su única pertenencia era un pequeño zurrón, en el que, al ser abierto por las monjas, hallaron el busto de una Virgen bellísima, la cual sería conocida en el barrio por su advocación y el lugar donde se encontraba: Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena.
Se dice que dicho mercader iba al Nuevo Mundo con el firme objetivo de vender ese busto sublime, y que, milagrosamente, se quedó en Sevilla."

Esta bella leyenda ha sido contada de padres a hijos, abuelos y nietos... y es así como ha llegado este bello relato hasta nuestros tiempos.

2. Restauración


Se relató posteriormente, sobre esta preciosa imagen de Ntra Sra, otra historia acerca del proceso de su restauración, la cual se ejecutó arriba, en su Casa Hermandad.
Todas las noches se quedaban a vigilar un grupo de personas de la hermandad; es decir, una noche le tocaba a los acólitos, otras a los armaos, costaleros, capataces, miembros de junta...
La imagen de la Esperanza estaba tras un cristal a la vista de todos los que la vigilaban. Una noche lluviosa, estando de guardia el grupo de costaleros y el capataz de la Esperanza...
(otros cuentan que en esta noche lluviosa se resguardaron los "vigilantes" bajo un pequeño alero, frente una ventana desde la que se veia las espaldas de la virgen, y desde ahí...)
pudieron ver atónitos cómo la virgen levantaba su brazo, tomaba con ella el manto y lo lanzaba al suelo. Tal fue la impresión de los "vigilantes" que salieron todos corriendo.

Cuando buscaron al prioste D. Francisco Arquillo y al hermano mayor para que fueran, una vez que llegaron y entraron en la habitación este confirmó lo visto. El manto de la Esperanza estaba caído en el suelo y D. Francisco se lo volvió a colocar. El mismo capataz que estuvo de guardia esa noche contó todo esto en un programa de TV sobre la Semana Santa de Sevilla.
Este hombre también cuenta que ha visto a la virgen respirar....
(esta leyenda parece más improbable, ya que, en los procesos de restauración, la imagen nunca va vestida, e incluso se suelen hacer en el taller del imaginero-restaurador; pero la pongo aquí porque, aparte de bonita y romántica, los milagros y designios de Dios son inexplicables e inescrutables; además que, si no fueran ciertos, no creo que un capataz de una Imagen y Hermandad tan conocida en Sevilla, fuera a comprometer su dignidad y estado psíquico frente al público; si no hubiese un transfondo de verdad...)

3. La visita


Una noche, a altas horas de la madrugada, intensa lluvia y en un enclave sin igual, la Basílica de la Macarena, sucedió lo siguiente:
Abelardo, capillero o sacristán de la Macarena, se encontraba durmiendo, dadas las horas. En mitad de la noche la alarma de la iglesia suena, se levanta corriendo, se medio viste y sale corriendo hacia el interior de la iglesia desde su habitación.
Comienza la observación y para su horror la Reina de San Gil no está en el altar. Empieza a recorrer el recinto y sigue sin aparecer.
Al cabo de un rato suena el timbre de la casa Hermandad....
"¿Quien podrá ser a estas horas y en esta situación?", se preguntó Abelardo.
Aligera la marcha y llega a la puerta.
Abre y observa a una señora ataviada con un chubasquero negro y la mirada baja.
Pregunta Abelardo:
- ¿Quién es usted, señora?
Cuando la mujer levanta el rostro no es otra que la dueña de la casa.

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